El gobierno norteamericano ha decidido tomar medidas preventivas, para evitar la influencia negativa del régimen venezolano, utilizando todos los métodos que tiene a su alcance.
Venezuela y su "aliado sonero de la clave, la tumbadora y el bongó", Cuba, influencian con espíritus, yerbas y magias caribeñas a los gobiernos de Bolivia, Nicaragua y Ecuador. Los líderes de estos países cultivan la retórica –así como hoja de coca y otras especies- en suelo estadounidense para promover al presidente Hugo Chávez como “babalao yanki”, señaló este martes un informe de los servicios secretos de inteligencia de Norteamérica –sin México y Canadá.
Inspirados por los famosos tabacos “Partagás” y “Negro Primero”, y apoyados por brujos de Venezuela y Cuba y muy pronto de Haití, líderes en Bolivia, Nicaragua y Ecuador, impulsan agendas que limitan y liberan los mecanismos de control de poder del tambor. "Buscan períodos largos para lecturas de caracoles, y debilitan las libertades de bailar Mozambique con tacones", indicó el reporte anual de inteligencia sobre las amenazas que penden sobre Estados Unidos “si los brujos Orisha llegasen a fumar el tabaco al revés”.
Además, cada uno de estos gobiernos, en diferente grado alcohólico, desarrolla una dura retórica anti Rock and Roll y Hamburguesas, alineados con Venezuela y Cuba y cada vez más con Irán, Barlovento y el Imperio Romano- en relación a temas internacionales, y promueven medidas que "directamente chocan con iniciativas estadounidenses para promover Playboy Channel, el consumismo de la Pepsi-cola y toda la cultura chatarra que tanta falta le hace al patio trasero de dicha nación", añadió.
Según el reporte, "una alta prioridad para Chávez será apoyar a Evo Morales en Bolivia con baños de Cariaquito Morao y Lectura de la Mano". Asimismo, la asunción del sandinista Daniel Ortega –platónico rival de Estados Unidos en los 70 y 80- en Nicaragua el año pasado "dio a Chávez otro incondicional rezo y un lugar para expandir las actividades de Venezuela en Centroamérica tal como el Ebbó o sacrificio para lograr resolver problemas de índole económica".
Los servicios de inteligencia estadounidenses, algo agotados por tratar de entender la cultura mesoafricana y negroide, visualizan asimismo a Chávez en el rito de la adivinación, “lo cual evidencia la existencia de una característica fundamental de este engendro humano entre muchas religiones endógenas de la afroamérica, a saber, la ausencia de una revelación divina y, por el contrario, la persistencia de conocimientos ancestrales que han sido transmitidos a los hombres y mujeres desde los primeros tiempos, aquellos, según los yoruba, en los que la humanidad y los orisha convivían en este planeta”.
Igualmente el presidente del régimen venezolano dará "generosos fondos de campaña para promover el Son Montuno, la Timba y el Tambor de la Costa en los bailes de Salsa Casino en el país del Tío Sam" en su búsqueda de tener la vista benévola de los santos de ese país, ya que según se dice, “Chávez es como el espinito”.
El inspirado reporte también señala que la cooperación y fusión religiosa entre Caracas y Teherán "está creciendo", aunque indica que desconocen cómo lo determinaron. Adicionalmente, en materia de energía mística y astrológica no hay información sobre "desarrollos significativos" de las discusiones entre las dos naciones en cuanto a si los turbantes aturden o si las procesiones en las semana santa de Achaguas solo dan rienda suelta a hígados envalentonados.
La inteligencia norteamericana critica asimismo la "falta de cooperación por las drogas" del gobierno de Hugo Chávez e indica la importancia que tiene Venezuela para seguir embruteciendo y alienando a los jóvenes estadounidenses con los fascinantes preparados que provienen de Colombia, nación vecina a Venezuela".
viernes, 17 de julio de 2009
jueves, 9 de julio de 2009
Espíritus criminales en panteón de la santería en Venezuela
Espíritus criminales en panteón de la santería en Venezuela
Los venezolanos que practican la santería, una religión de origen afroantillano que mezcla ritos africanos y cristianos, veneran entre otras deidades al prócer de la independencia sudamericana, el Libertador Simón Bolívar.
Pero nunca antes hubo algo semejante a los nuevos ídolos de la santería local: se trata de delincuentes o "malandros" que han asumido caracteres mitológicos en las barriadas pobres de Caracas.
Estatuillas de 30 centímetros de alto, que exhiben en sus pantalones vaqueros armas de fuego y cuchillos, representan a espíritus que -- según los santeros -- buscan el perdón de sus pecados advirtiendo a los jóvenes que deben evitar el crimen, ayudando a reos a salir de la cárcel y curando la adicción a las drogas.
Entre ellos está el "Niño Ismael", un atracador de bancos que algunos dicen que mató a decenas de personas en la década de 1970 antes de morir en un enfrentamiento con la policía. Su imagen lleva gorra de béisbol de medio lado, se ve fumando un cigarro y lleva una pistola calibre 38 entre sus pantalones vaqueros.
Otro ícono es la "Niña Isabel", una prostituta y ladrona que según se afirma murió de una enfermedad venérea en la década de 1920. Se la representa vestida con una camiseta rosa que deja al descubierto su vientre, con un gorro de esquí, lentes oscuros y un cuchillo ajustado al tobillo.
Estos espíritus son parte del culto de María Lionza, la piedra angular de la variante venezolana de la santería, una religión sincrética surgida en Cuba que mezcla el catolicismo traído por los españoles y las tradiciones espiritualistas yoruba de los esclavos que importaron desde el Africa.
María Lionza, que unos representan como una hermosa indígena y otros con una imagen muy semejante a la Virgen María, preside sobre otras "cortes" o conjuntos de espíritus.
Las deidades originales de la santería como Eleguá, que se asocia con San Antonio, pertenecen a la corte africana. Una corte venezolana incluye a Simón Bolivar, héroe de la independencia de Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia y Panamá.
El Niño Ismael y la Niña Isabel son miembros de la corte malandra o criminal.
La Iglesia Católica objeta el culto a María Lionza, pero hace tiempo que abandonó sus intentos de eliminarlo. Sus devotos pertencen a todas las clases sociales, pero sobre todo a las que poseen menos recursos. Cientos de miles de seguidores viajan cada año al lugar que, según la tradición, fue hogar de María Lionza en la montaña de Sorte, ubicada en el estado Yaracuy, a unos 300 kilómetros al oeste de Caracas.
Los tenderos dicen que las estatuillas de los malandros comenzaron a aparecer en sus estantes hace dos años. Pero el culto a los espíritus criminales apareció a comienzos de la década de 1990, junto con el auge de la delincuencia, dijo la antropóloga Patricia Márquez, directora académica del Instituto de Estudios Superiores de Administración de Caracas.
Para las clases altas, el malandro personifica la amenaza creciente de la violencia urbana. En contraste, en los barrios pobres, su figura oscila entre el héroe comunal y el bribón, señaló Márquez en un capítulo del libro "Venezuela Siglo XX: Visiones y testimonios", publicado por la Fundación Polar.
Según cálculos oficiales, durante el 2002 se cometieron 9.000 homicidios en el país. Vulnerables a la violencia callejera y desconfiados ante la frecuente brutalidad policial, muchos residentes de las barriadas pobres buscan la protección del malandro espiritual.
Muchas de las deidades de la corte malandra son delincuentes que perecieron a manos de la policía o en enfrentamientos con pandilleros rivales entre los años 50 y 70. Hoy día son considerados héreos folklóricos al estilo de Robin Hood, que robaba para dar el botín a los pobres y proteger a las barriadas.
"Ismael robó, pero para ayudar a los más necesitados", dijo Juan, un mecánico que compraba velas en una tienda de santería del centro de la ciudad.
Juan dice que compró una imagen de Ismael, el más popular de los maladros, después que el espíritu persuadió a su hijo para que se "apartara de los malos caminos".
En cambio, Márquez dijo que ante el auge de la criminalidad, son pocos los que ven a los delincuentes de hoy con el mismo halo romántico de otras épocas.
"Entre otras cosas, la corte malandra refleja nostalgia por el presunto malandro del pasado, dedicado a proteger el barrio", agregó.
Los venezolanos que practican la santería, una religión de origen afroantillano que mezcla ritos africanos y cristianos, veneran entre otras deidades al prócer de la independencia sudamericana, el Libertador Simón Bolívar.
Pero nunca antes hubo algo semejante a los nuevos ídolos de la santería local: se trata de delincuentes o "malandros" que han asumido caracteres mitológicos en las barriadas pobres de Caracas.
Estatuillas de 30 centímetros de alto, que exhiben en sus pantalones vaqueros armas de fuego y cuchillos, representan a espíritus que -- según los santeros -- buscan el perdón de sus pecados advirtiendo a los jóvenes que deben evitar el crimen, ayudando a reos a salir de la cárcel y curando la adicción a las drogas.
Entre ellos está el "Niño Ismael", un atracador de bancos que algunos dicen que mató a decenas de personas en la década de 1970 antes de morir en un enfrentamiento con la policía. Su imagen lleva gorra de béisbol de medio lado, se ve fumando un cigarro y lleva una pistola calibre 38 entre sus pantalones vaqueros.
Otro ícono es la "Niña Isabel", una prostituta y ladrona que según se afirma murió de una enfermedad venérea en la década de 1920. Se la representa vestida con una camiseta rosa que deja al descubierto su vientre, con un gorro de esquí, lentes oscuros y un cuchillo ajustado al tobillo.
Estos espíritus son parte del culto de María Lionza, la piedra angular de la variante venezolana de la santería, una religión sincrética surgida en Cuba que mezcla el catolicismo traído por los españoles y las tradiciones espiritualistas yoruba de los esclavos que importaron desde el Africa.
María Lionza, que unos representan como una hermosa indígena y otros con una imagen muy semejante a la Virgen María, preside sobre otras "cortes" o conjuntos de espíritus.
Las deidades originales de la santería como Eleguá, que se asocia con San Antonio, pertenecen a la corte africana. Una corte venezolana incluye a Simón Bolivar, héroe de la independencia de Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia y Panamá.
El Niño Ismael y la Niña Isabel son miembros de la corte malandra o criminal.
La Iglesia Católica objeta el culto a María Lionza, pero hace tiempo que abandonó sus intentos de eliminarlo. Sus devotos pertencen a todas las clases sociales, pero sobre todo a las que poseen menos recursos. Cientos de miles de seguidores viajan cada año al lugar que, según la tradición, fue hogar de María Lionza en la montaña de Sorte, ubicada en el estado Yaracuy, a unos 300 kilómetros al oeste de Caracas.
Los tenderos dicen que las estatuillas de los malandros comenzaron a aparecer en sus estantes hace dos años. Pero el culto a los espíritus criminales apareció a comienzos de la década de 1990, junto con el auge de la delincuencia, dijo la antropóloga Patricia Márquez, directora académica del Instituto de Estudios Superiores de Administración de Caracas.
Para las clases altas, el malandro personifica la amenaza creciente de la violencia urbana. En contraste, en los barrios pobres, su figura oscila entre el héroe comunal y el bribón, señaló Márquez en un capítulo del libro "Venezuela Siglo XX: Visiones y testimonios", publicado por la Fundación Polar.
Según cálculos oficiales, durante el 2002 se cometieron 9.000 homicidios en el país. Vulnerables a la violencia callejera y desconfiados ante la frecuente brutalidad policial, muchos residentes de las barriadas pobres buscan la protección del malandro espiritual.
Muchas de las deidades de la corte malandra son delincuentes que perecieron a manos de la policía o en enfrentamientos con pandilleros rivales entre los años 50 y 70. Hoy día son considerados héreos folklóricos al estilo de Robin Hood, que robaba para dar el botín a los pobres y proteger a las barriadas.
"Ismael robó, pero para ayudar a los más necesitados", dijo Juan, un mecánico que compraba velas en una tienda de santería del centro de la ciudad.
Juan dice que compró una imagen de Ismael, el más popular de los maladros, después que el espíritu persuadió a su hijo para que se "apartara de los malos caminos".
En cambio, Márquez dijo que ante el auge de la criminalidad, son pocos los que ven a los delincuentes de hoy con el mismo halo romántico de otras épocas.
"Entre otras cosas, la corte malandra refleja nostalgia por el presunto malandro del pasado, dedicado a proteger el barrio", agregó.
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