Un destino misterioso donde se mezclan un sinfín de leyendas ancestralesLa imagen de una bruja de bronce sobre un árbol de Huarango recibe a los visitantes que llegan a Cachiche, un antiguo pueblo del departamento de Ica, a diez minutos de la ciudad, que en épocas pasadas fue sinónimo de hechicería, pues albergó a incontables mujeres que según los relatos poseían poderes sobrenaturales.
Aunque la tradición de las hechiceras y sesiones de brujería se ha ido perdiendo, la imagen de la emblemática bruja es la que más llama la atención. Por años la bruja estuvo tapada con un manto negro porque los pobladores tenían temor que al llegar de noche al pueblo, que no tenía energía eléctrica, lo que encontraban primero era la bruja.
Aunque la tradición de las hechiceras y sesiones de brujería se ha ido perdiendo, la imagen de la emblemática bruja es la que más llama la atención. Por años la bruja estuvo tapada con un manto negro porque los pobladores tenían temor que al llegar de noche al pueblo, que no tenía energía eléctrica, lo que encontraban primero era la bruja.
VIVIENDO DEL MITO
Sin embargo desde hace seis años la imagen fue destapada y explotada turísticamente ante la falta de empleo y lo empobrecido del sector agricultor. Desde las 9 de la mañana y hasta las 8 de la noche, los turistas se encuentra a algunos niños y señoras que se acercan a ellos para, por uno o dos soles (un cuarto o medio euro), contarles la historia de la famosa bruja por la que el pueblo se ha hecho conocido en todo el Perú y hasta en el extranjero.
Martha Lima, una de las narradoras de la historia, cuenta que fue un congresista iqueño quien mandó esculpir la imagen en agradecimiento a la bruja más veterana del pueblo, doña Julia Hernández Pecho, que murió a los 106 años y que auguró al político un futuro prominente. Pero la comunidad católica le impidió que la imagen fuera colocada en la Plaza de Armas del pueblo, por lo que tuvo que resignarse a ubicarla, casi escondida, a la entrada de Cachiche, sobre un árbol.
Martha Lima, una de las narradoras de la historia, cuenta que fue un congresista iqueño quien mandó esculpir la imagen en agradecimiento a la bruja más veterana del pueblo, doña Julia Hernández Pecho, que murió a los 106 años y que auguró al político un futuro prominente. Pero la comunidad católica le impidió que la imagen fuera colocada en la Plaza de Armas del pueblo, por lo que tuvo que resignarse a ubicarla, casi escondida, a la entrada de Cachiche, sobre un árbol.
TRADICIÓN Y NEGOCIO
Miguel Ángel Comíngez, nieto de una de las míticas brujas, compró un terreno frente a la imagen, a menos de diez metros, y colocó un museo donde exhibe y vende cuadros pintorescos relacionados con la hechicería, imágenes en miniatura de la bruja de bronce, artesanía de la zona y hasta tragos exóticos.
Ha construido una pirámide en el interior de la cual realiza ceremonias de captación de energía positiva y no sólo eso: lee la mano y el tarot y es usual ver una fila de hasta tres o cuatro personas que esperan su atención y sus predicciones.
Aunque Comínguez no se considera brujo sino un estudioso científico del tema, señala que lee el futuro por una promesa y que vive de sus negocios empresariales más que de su museo de la hechicería que, por cierto, ha dado vida y un aire de misticismo al lugar, siendo destino obligado de quien llega a ver la imagen.
Cuando llega la noche todos abandonan Cachiche, donde ya no hay brujas, sólo alguna u otra cartomántica, y mucha pobreza en esas casas de adobe y barro que son mayoritarias en el pueblo, también famoso porque alberga un conocido penal, en el que ha habido varias reyertas e intentos de fuga.
Ha construido una pirámide en el interior de la cual realiza ceremonias de captación de energía positiva y no sólo eso: lee la mano y el tarot y es usual ver una fila de hasta tres o cuatro personas que esperan su atención y sus predicciones.
Aunque Comínguez no se considera brujo sino un estudioso científico del tema, señala que lee el futuro por una promesa y que vive de sus negocios empresariales más que de su museo de la hechicería que, por cierto, ha dado vida y un aire de misticismo al lugar, siendo destino obligado de quien llega a ver la imagen.
Cuando llega la noche todos abandonan Cachiche, donde ya no hay brujas, sólo alguna u otra cartomántica, y mucha pobreza en esas casas de adobe y barro que son mayoritarias en el pueblo, también famoso porque alberga un conocido penal, en el que ha habido varias reyertas e intentos de fuga.