Obispos católicos que participan en una cumbre episcopal en El Vaticano coincidieron en denunciar la violencia contra las mujeres en África, que incluye violaciones masivas y cacería de brujas.
Ante el pleno del Sínodo de los Obispos y en presencia del Papa Benedicto XVI, el prelado coadjutor de Goma, en la República Democrática del Congo, Theophile Kaboy Ruboneka, deploró el uso de la violación como “arma de guerra. Sobre miles de mujeres se han perpetrado, de parte de grupos armados, violencias sexuales en masa, y han sido usadas como arma de guerra en flagrante violación a las disposiciones jurídicas internacionales”, lamentó.
Propuso luchar contra la violencia sexual atacando su causa última que es la crisis de los gobiernos, además de impulsar la creación de centros de escucha y compañía para quienes han sido traumatizadas.
Por otra parte, Augustine Obiora Akbuze, pastor de Uromi en Nigeria, levantó el dedo contra la práctica de la cacería de brujas contra las mujeres a quienes se atribuyen poderes malignos. “En tiempos remotos nuestros antepasados creían en la existencia de las brujas y en el peligro que representaban para la especie humana y la sociedad. Eran artífices de las desgracias más terribles para sus familias y sus comunidades”, explicó.
“Hoy –agregó- las sospechosas de brujería son abandonadas, aisladas, discriminadas y sufren el ostracismo. A veces las llevan al bosque, las maldicen públicamente y las asesinan; a otras las sumergen en ácido y las dejan allí hasta que mueren”.
El clérigo criticó que algunas iglesias como, por ejemplo, los “pentecostales” no se opongan a estas prácticas e incluso se sumen a las vejaciones contra las supuestas brujas a las cuales encadenan y torturan para arrancarles una confesión.
Lamentó que en las familias, escuelas, iglesias, mezquitas y en medios de comunicación se haga creer a los africanos que las brujas existen y que la brujería funciona.
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