La pretensión de la exposición, según sus autores, ha sido concentrar una serie de piezas genuinas y originales que también han sido utilizadas en ceremonias o rituales de alta magia. «Ha sido una cesión de particulares, de antropólogos y de coleccionistas» comenta Pantoja acerca de las piezas que conforman el visionado, siendo la intención mantener tal cual este espacio hasta diciembre. «Reivindicar que el pensamiento mágico ha sido una constante en la cultura y en el conocimiento del hombre desde tiempos ancestrales» es el principal objetivo de sus creadores, por eso han querido destacar que se trata de un recorrido temporal, pudiendo apreciar desde objetos de tiempos ancestrales como un vaso canopo, hasta fetiches budú utilizados actualmente en ritos de esta índole en Haití.
Respecto a la importancia cultural de la casa donde se desarrolla la exposición, Julio César resalta la existencia de dos manos de Fátima, talismán de la cultura musulmana que pretende protección del lugar donde se encuentra, y ofrece un contacto palpable con la época califal de que data la construcción. Alude este ideólogo a que uno de estos grabados en piedra es además una de las cinco manos de Fátima originales encontradas en España. El pilar fundamental en el que apoyan la creación de la exposición lo concretan en torno al pensamiento mágico, que se muestra inseparable de la ciudad de Toledo y es que, desde el punto de vista personal de Julio César y Gonzalo, la magia de la ciudad se reivindica mejor a partir de la época del medievo, concretamente a partir de la aparición de la Escuela de Traductores.
La distribución de la muestra está en función al tipo de piezas, en este caso las arqueológicas y las etnográficas, que son las que se utilizan todavía. Desde la inauguración de ‘Creencias mágicas y otros objetos rituales’, el pasado día quince de julio, está siendo según sus precursores bastante buena, y esperan que vaya en aumento en relación a la oferta turística de los próximos meses.
obras de reconstrucción. Muchas complicaciones para recuparar un sótato de semejante interés arqueológico tuvieron que superar los ideólogos de este proyecto. Las obras comenzaban a finales de 2008 a cargo de la arquitecta Nuria Arribas y el arqueólogo Raúl Arribas Domínguez, quienes efectivamente, veían dos complicaciones principales, el desgaste por el uso en épocas dispares y que el espacio estaba repleto de escombros. A pesar de ello, se consiguió dotar a la construcción de atractivo y equilibrio en sus formas y materiales. Así con madera, piedra y acero como materias primas la casa califal del siglo XIII se puede apreciar desde la escalera, que asume los caprichos de la arquitectura reciente, dos arcos de herradura y dos estancias concretas, un salón y un patio.
El Consorcio llevó a cabo estas obras bajo la firma de 115.000 euros de presupuesto. Ahora, los turistas y los toledanos pueden imaginar al introducirse en el interior de este sótano cómo era la vida de la familia islámica que la habitase, así como se pueden preguntar qué fue de esta casa para qué esté anclada en el subsuelo tras el paso del tiempo. Un lugar especial para la contemplación y el culto.
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